El desarrollo personal va más allá de la autoayuda; es un proceso terapéutico profundo que fortalece la salud mental y amplía la consciencia. Clínicamente, favorece la regulación emocional, la resignificación de experiencias y la construcción de recursos internos. Espiritualmente, invita a cultivar presencia, compasión y coherencia interior. Cuando ambos enfoques se integran, se genera un camino de transformación más completo y significativo.